
Según informaba recientemente el diario británico The Guardian en un artículo firmado por Richard Schiffman, esta no sería la primera vez en que el problema de los transgénicos se plantea en California, donde en anteriores ocasiones ya se han redactado varias leyes sobre etiquetado que nunca lograron llegar a la Comisión legislativa.
Otros estados norteamericanos, como Vermont y Connecticut, han propuesto también una legislación específica sobre este particular, que no ha logrado salido adelante a causa de la fuerte oposición de la industria productora de alimentos. Incluso el propio Congreso de los Estados Unidos lleva recibiendo desde 1999 una serie de intentos esporádicos e infructuosos sobre el etiquetado de este tipo de alimentos.
Eligen los votantes, no los políticos
Lo que hace diferente el referéndum de California es que, por primera vez, serán los votantes y no los políticos quienes decidan, un hecho que tiene verdaderamente preocupada a la industria de la alimentación ya que, según una encuesta realizada por el grupo Mellmany, tan sólo uno de cada cuatro estadounidenses está convencido de que los transgénicos son "básicamente seguros", con una gran mayoría que quiere que se etiqueten distinguiéndolos con esta denominación.
Y es que se trata de uno de los pocos temas que hoy en día en Estados Unidos gozan de un amplio apoyo bipartidista: el 89% de los republicanos y el 90% de los demócratas se muestran a favor de que los alimentos alterados genéticamente sean etiquetados específicamente, como ya ocurre en 40 naciones europeas, en Brasil e incluso en China. En 2007, el entonces candidato Obama aseguraba en relación a este popular tema que apoyaría el etiquetado, una promesa que el ahora Presidente debería mantener.
Europa, muy por delante
Mientras que en los Estados Unidos el 70% de la comida que se vende en los supermercados contiene algún tipo de organismo genéticamente modificado, en Europa, ese número es aproximadamente el 5% y además va en disminución cada año. La diferencia radica en una serie de leyes europeas que obligan a la industria a especificar en las etiquetas si un alimento contiene incluso rastros de plantas modificadas genéticamente (normalmente maíz o soja).
Ante la duda...escepticismo
Actualmente no existen evidencias comprobadas de que el hecho de comer alimentos modificados genéticamente pueda producir algún tipo de impacto perjudicial para la salud pero la realidad es que los consumidores estadounidenses son muy escépticos en este sentido, argumentando que “si en toda Europa se etiquetan estos alimentos, ¿por qué aquí no se hace?”.








